viernes, 25 de abril de 2014

Interludio entre nacimiento y muerte


Desde el momento que tengo memoria me he dado cuenta de que siempre he estado esperando. Empecé con esperas cortas e impacientes en mi niñez. Ahora me he vuelto mucho más sosegado, o quizás resignado.

Cada cosa a su tiempo, dicen. Sin embargo, hay anhelos que no tienen un plazo definido y la espera se reduce a una inocente e ingenua esperanza.

Vivir esperando es lo natural. Un perro espera el regreso de su amo a casa cuando se queda solo, un niño espera la llegada del fin de semana para poder acostarse más tarde, un empresario espera que su proyecto dé frutos y yo mismo espero que aparezcas tú.

Sí, entre esas esperanzas de luz tan tenue, percibo tu presencia a lo lejos. Sé que nos vimos una vez en Vinorús y me buscas y esperas igual que yo te busco y espero a ti. El otro día pensé en ti, esperando en el subsuelo de París. Deseé que, al igual que un panel te indica la llegada del siguiente metro, hubiese algo que revelara cuándo llegarás, qué línea de metro coger para llegar hasta ti.

Soy exigente, y en el momento que consiga algo que he esperado con ansia, habrá algo más, otro reto, otro plazo, una nueva inquietud. La vida se reduce a eso.


Por último, llegará el momento en que sólo espere enfrentarme a ella, iniciar esa danza oscura al son de un trío de violas hasta que sea arropado entre sus mantos de azabache. Escucharé entonces el réquiem que le dé fin a todo. Los múltiples senderos de los que se compone la vida se reducen finalmente a uno solo. Una línea de metro vacía, un túnel de reflexión en el que ninguna espera tendrá ya razón de ser.

Lo que más me deprime y a lo que temo enormemente es pensar que tras ese baile, tras recorrer todo el túnel, no haya nada. Nada más. ¿Realmente todo se reduce a compuestos químicos y nada más? ¿Tan simple? ¿Qué sentido tiene la vida entonces?

Waiting in a daydream

lunes, 14 de abril de 2014

Power

Cada uno de nosotros podría componer una canción que defina su vida. Hay melodías que, en el momento en que nuestros oídos la perciben, el resto de órganos y sentidos cambian. Melodías que modifican nuestro estado de ánimo, que despiertan algo refugiado entre nuestras neuronas. Y existe también una canción que nos da el poder absoluto. Esa canción está en pedazos dentro de nuestra alma.

Un día, recordamos un acorde, y entonces, nos hinchamos de esplendor. Otro, conseguimos la rima apropiada, sintiéndonos a gusto con nosotros mismos y nuestro entorno. Y en el momento en que el ritmo se adueña de nosotros ya no hay nada que nos pare, avanzando imbatibles por el sendero de nuestras vidas y nuestros sueños.

Conseguir que ambos senderos estén armonizados y definidos es demasiado idealista, pero los únicos que tenemos el poder de mantener ese enlace somos nosotros. Nosotros tenemos el poder.

El éxito depende de ti. Tú eres el protagonista y por tanto eres tú quien posee la espada que derrotará al dragón. Aunque haya metas que al principio sean imposibles de alcanzar siempre hay que avanzar, buscando otras rutas, un trampolín que nos impulse. Y llegará el momento en que te encuentres perdido en una maraña de árboles enormes que no dejen pasar el sol, cuyas ramas y raíces se entremezclen y te hagan sudar si quieres atravesarlas. Aunque el camino no sea recto, avanza, incluso si tienes que ser un contorsionista y moverte como una serpiente para abrirte paso entre los hostiles brazos de ese oscuro bosque. Sé astuto, sáltate alguna norma si hace falta, pero no te rindas en el camino hacia tu felicidad. Tu vida es tuya y tú mandas y pones las verdaderas reglas.

La vida es un auténtico laberinto, pasamos la mayor parte del tiempo perdidos en él, pero eso no tiene que desanimarnos, si buscamos, siempre encontraremos un oasis donde refrescarnos, o un camino recto donde veamos la luz temporalmente. La vida es un mundo lleno de caminos, de entradas y salidas, donde además se juntan las vidas de otros, conviertiéndose en un conjunto infinito y extremadamente complejo.

Tenemos mucho más poder del que podríamos pensar. Los logros de nuestras vidas son nuestros, nos los hemos ganado porque hemos sabido luchar para obtenerlos. La buena y la mala fortuna a veces influyen, pero no son más que meros elementos del escenario.

Hay quien dice que nuestro destino está ya predefinido, que lo que nos ocurre es porque así debía ser. En parte es cierto. Esa es la base de la canción que antes describía. Nacemos con batiburrillo de notas musicales que son como células en nuestro ser, pero desde el momento en que empezamos a vivir y crecemos, nos convertimos en los compositores de esa canción que nos dará el poder. Y siempre que lo necesites, es tan fácil como empezar a tararearla, hasta que, sin casi darnos cuenta, empezamos a cantar, nuestros pulmones se llenen de fuerza, y con firmes y sincronizados pasos, bailamos en el escenario, nuestro escenario.



Let your soul catch the feeling
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Let your heart take a beating



miércoles, 2 de abril de 2014

Escaleras

¿Qué será lo que determina que a ti te guste el helado de fresa y yo prefiera el de pistacho? Cada uno de nosotros es diferente, existen tantas opciones y variedades que quizás por eso, al final, acabemos buscando aquello con lo que somos afines al resto.


Existen tres factores que están muy relacionados entre sí: la confianza en uno mismo, la autoestima y la integridad. Por desgracia, no son compensables, si uno falla, el resto se vienen abajo. No es como el dinero, la salud y el amor. Ese triángulo al menos deja la esperanza de que si sólo aparecen amores no correspondidos y gastos que te dejen en los huesos, una salud de hierro te ayudará a sobrellevar los disgustos de la vida. Pero en el momento en que no te quieras lo suficiente o no te valores como debes, todos tus ideales perderán su sentido. Y ahí es dónde aparece una sombra que seguro que todos hemos percibido alguna vez. Una fuerza maligna que borra nuestra esencia.

Los prejuicios los genera la sociedad y luego nos atormentan de manera individual. Generalmente, con los años, uno gana confianza en sí mismo, gana a la vez integridad y le afectan menos esos prejuicios. Entonces es cuando, por fin, puedes hacer las horteradas que tanto te avergonzaban, podrás amar a quien quieras, sea chico o chica, guapo o feo, rico o pobre. Y la autoestima subirá como si fuera una hormona en tu cuerpo cuando llega el calor, sintiéndote capaz de todo. Se adquiere un brillo especial que la gente realmente percibe, y se entra en un ciclo de mejora continua, triunfas allá donde vayas o haciendo lo que sea que hagas. Te miras en el espejo y te ves guapo, la ropa que te pongas te sienta genial, el tiempo corre a tu ritmo y te entran ganas de salir a la calle aunque sea solo a pasear, para que vean lo grande que eres.

¿Para que vean? Sí, porque al fin y al cabo, todo forma parte de nuestra función vital de relación. Todo lo que hagamos o cómo nos sintamos va a estar influenciado por algo externo a nosotros, chocando de frente con la virtud de la integridad. Por esta razón, nunca podremos estar siempre en lo alto y, pasaremos de ese mundo celeste a un mundo de estragos.

Creo que lo importante es no engañarse a sí mismo, tener presente que en nosotros hay un ángel y un demonio, y ninguno de los dos duerme nunca. La persona que más daño nos puede hacer somos nosotros mismos, ya que, consciente o inconscientemente, tenemos el control total de nuestro ser. Nuestro entorno estará eternamente en contacto con nuestro cuerpo y alma, pero de nosotros depende cómo nos afectará.

Y nadie es perfecto, nadie conseguirá jamás sumir en un vasto letargo a sus demonios. La única opción es hacer frente a ellos, convivir con tus defectos e intentar mejorar siempre. Mejorar sin límites. Lo mejor de no poder llegar nunca a ser perfectos, es que siempre nos podremos superar, siempre habrá una nueva sensación de bienestar que descubrir y en el momento en que caigamos, contar con que no solo hay un camino hacia esa cima platónica.

Elige tú mismo la escalera al paraíso.


 



domingo, 23 de marzo de 2014

Efímero

Mientras que según dicen el universo sigue creciendo, creo que nosotros, los seres humanos, estamos ya en un punto de involución, hemos pasado ya esa etapa de expansión, en la que se descubrían nuevos mundos, y cada civilización era un ecosistema aislado y único. Ahora en cambio eso se está perdiendo. Es muy común haber probado en tu propia ciudad comida cuyas recetas se inventaron a miles de kilómetros, con ingredientes autóctonos que ya no lo son. Un adolescente de Cracovia seguramente vestirá casi con el mismo estilo que otro de Los Angeles. La música que yo escucho, la escuchan también millones de personas en todo el mundo. Y cuando hay un concierto de los Kaiser Chiefs en Londres, seguro que acudirán montones de fans de aquí y de allá.

Estamos en un proceso de unificación constante, nos engañan con falsas variedades de servicios y competencia y por eso creo que el Big Bang de la humanidad se ha acabado, y volveremos al punto de origen. Un origen que también significa un final.

Algunos visionarios dirán que sí quedan mundos que descubrir, que el universo es muy grande y aún puede haber una nueva era de super expansión en otro planeta. Yo creo que no, he asumido que todo lo que hacemos y sentimos es temporal, al igual que lo que vivimos. Todo acaba siendo algo que se desvanece ante nuestros ojos, como arena que se cuela entre los dedos de tus manos, y por mucho que las mantengas bien pegadas, en algún momento olvidarás que allí tenías lo que era importantísimo para ti y, de repente, por alguna rendija, acabará yéndose. Porque no podemos aferrarnos eternamente a algo. Y en la era en la que vivimos, esta sensación se ha multiplicado, todo cambia muy rápido, nuestras necesidades, nuestros valores, nuestras preferencias…. Se acabó la religión que valora por encima de todo aquello que es eterno. Ahora ya todo tiene una entropía acelerada y todo es efímero. Siempre lo ha sido, nuestra vida comparada con la trayectoria de la raza humana o, más aún, con vida de la Tierra, es insignificante.

Un ejemplo de algo efímero que me parece maravilloso es el momento en que alguien encuentra una solución a su problema. Es un momento puntual en la línea del tiempo en el que hay una inflexión brutal entre el sufrimiento y la euforia. Pensad en alguna vez que os haya pasado.

¿Qué es más duradero: una decepción o una alegría? Pensaré en ello y pronto expondré mis conclusiones.


domingo, 19 de enero de 2014

Jacques III

Abandonar el nido no es fácil para todos. Y mucho menos, tener que marcharse lejos, dejando atrás a los tuyos. La situación actual obliga a muchos a tener que hacerlo, dejar el pasado ignorando el sufrimiento que ello pueda causar. No siempre está el "espíritu aventurero" presente. Sin embargo, hay ocasiones en que el pasado que agarra nuestra manga para no dejarnos ir es venenoso y esto me recuerda a otro relato que mi amigo Jacques dejó escrito a su alma gemela.


Hoy hace un día muy hermoso. El cementerio está realmente bello, tan solitario como siempre. Me encuentro escribiéndote, junto a ti, mientras observo que a mi alrededor sólo está mi Vélo Stan y unos ramos de lilas y jazmines que han debido de traer tus padres.

Cimetière du Sud (Nancy)

Mi madre me ha propuesto marcharme (sin amenazarme y de buenas), dice que pruebe a empezar de nuevo en otro sitio si aquí me van tan mal las cosas. Pero yo no quiero, me da miedo alejarme de Nancy, si la vida es una mierda aquí, ¿por qué iba a ser mejor fuera? ¿Cuáles son mis cualidades?

Hay algo que mi madre no sabe; qué va a saber ella si no presta atención a nada. Llevo casi dos meses sin ir a la facultad, ahora son los últimos exámenes y ni siquiera me he presentado. ¿Te acuerdas de Soucis92? Ha reaparecido. Me envió un e-mail larguísimo en el que me explicaba todo lo que había hecho los últimos años, me dijo que estaría en Nancy unos días. Resulta que está en un grupo de música y no le va mal del todo. Ha sido hasta telonero de Travis en un concierto en Lyon. Desde que dejó Nancy no ha dejado de trotar por el mundo, llegando a vivir durante largas temporadas en Québec o en San Francisco. Me hizo recordar aquellas tardes que pasábamos él, tú y yo en su habitación, escuchando el nuevo disco de este grupo escocés una y otra vez mientras fumábamos, nos reíamos y te metías con nosotros de lo gays que éramos y nos obligabas a darte picos para que no murieras de envidia. Esa nostalgia me animó a quedar con él y a dejar de lado enfados y rencores.

Quedamos en la plaza que hay cerca del parque de Sainte-Marie y cuando llegué, él ya estaba allí. Estaba guapo, se había dejado el pelo corto y ahora tenía un tatuaje en el cuello. Vestía con un chaleco vaquero y tenía muchas pulseras en ambas muñecas, probablemente recolectadas en cada uno de los sitios que pisaba en el mundo exterior, se había dejado patillas y algo de barba. Llevaba consigo un violín, ¿recuerdas que le animamos siempre a seguir con el violín? Desde el momento en que nuestras miradas coincidieron, el reloj que controlaba el mundo real se detuvo. Anduve lentamente y le abracé, y él me besó en la mejilla derecha. Sentados en un banco hablamos sólo de las cosas que nos concernían únicamente a nosotros. También le dije que ya no estabas y creo que realmente lo lamentó. Recordamos cómo nos conocimos en aquel chat, cuando yo tenía 13 años y él 15. Enseguida me propuso que le pusiera la web cam, y eso me puso muy nervioso. Poco a poco, la curiosidad y nuestros caracteres hormonados por la edad nos impulsaron a desnudarnos, a excitarnos el uno al otro frente a la pantalla de ordenador. Más adelante nos conocimos en persona y ya sabes cómo continuó todo. Y cómo sufrí. Pero ese fue el tema tabú, aquella tarde éramos Jacques y Marcis, talentosos directores de cine, creadores de fábulas perversas, rebeldes sin causa. Era mejor hablar de cómo Nancy ya no tenía encanto y que el futuro estaba fuera, me animó a salir de aquel agujero y yo sonreía con despreocupación. Aquella sería una desenfrenada y loca noche londinense en toda regla, nuestro sueño de vuelta, listo para ser cumplido.

Casualmente vimos a lo lejos a Jean, y ambos nos sonreímos maliciosamente. Marcel negoció con él y enseguida volvió a mí con un saquito en las manos. Entonces, me cogió de la mano con ternura y acabamos en un apartamento que pertenecía a su tío. Estaba alojado allí esos días ya que todavía no se hablaba con sus padres. El piso estaba muy sucio y parecía un almacén, vacío de la esencia de un hogar y repleto de trastos sin alma. Me guió hasta una cama. No estábamos en su mítica habitación, pero cuando encendió el porro sentí que resurgió aquella época, que todo volvía a ser igual. Nos besamos, compartimos aquel humo embriagador,  aunque hubiera habido música en aquella habitación no la habríamos oído, porque nuestros sentidos ordinarios se desactivaron y fueron sustituidos por algo más místico. Cuando acabamos de fumar ya teníamos los torsos desnudos y buscábamos más. Conocíamos perfectamente nuestros cuerpos, y en aquel recóndito de fantasía nada había cambiado, hizo cada movimiento que esperaba de él, no pude resistirme a ser yo quien empezara, quien le desabrochara la cremallera del pantalón y me metiera su miembro caliente y muy erecto entre mis labios. Me dijo que recordaba perfectamente el perfume de mi pelo y empezó a penetrarme a la vez que mordisqueaba mi cuello, adquiriendo el ambiente más y más temperatura, me agarré a él con fuerza y le pedía cada vez más, nadie mejor que él sabía cómo complacerme.

Al acabar, nos quedamos acostados el uno sobre el otro durante un rato, respirando al unísono. Después preparó otro porro, pero ese ya no supo igual, porque mientras lo preparaba, miró su móvil, y respondió a algún whatsapp que le habían enviado. Mis celos volvieron, y aquella utopía flotante se desplomó. Empecé a oír estruendosamente el tic-tac de ese reloj universal que se había reactivado, y de pronto se apareció ante mí aquel señor con quien le vi en un coche. Nunca quise decírtelo, pero Marcel y yo no cortamos por unos simples cuernos. Para cumplir sus sueños, necesitaba dinero y sabemos en qué mundo se movía nuestro Marcis… pero nunca pensé que llegaría a aquel extremo. Un puto viejo le estaba metiendo la lengua en un coche. Cuando le descubrí, me confesó que no había sido el único y que estaba acostándose con otros para ganar dinero. Si no hacía algo, nunca se activaría su carrera musical. Esa fue su excusa.

Me levanté de la cama y me vestí. De repente empecé a sentir angustia y dejé a Marcel ahí sentado en la cama con los pies descalzos sobre un suelo pegajoso, con su móvil en una mano y el porro en la otra. En parte, el efecto de la maría le impidió reaccionar más deprisa para evitar que me fuera, pero por otro lado, en el fondo de sí, sufría de una resignación y una culpabilidad que no podía vencer, y sabía que yo acabaría por marcharme de allí.

De camino a casa, no pude reprimir las ganas de llorar y me senté en un banco. Miré mi móvil, al que le quedaba un 2% de batería. Tenía un mensaje de Seb enviado unas 3 horas antes. Seb sigue hablándome de vez en cuando y mi actitud hacia él no ha cambiado desde que íbamos a primaria y tú ya me decías que ese chico era gay y que yo le gustaba. ¿Te acuerdas de él, verdad? Como vi que su última conexión había sido 10 minutos antes le contesté. Él me hacía recordar que hasta un ser miserable como yo, tenía algo que aportar al mundo, y aunque generalmente no le hacía mucho caso, esa noche, habría agradecido mucho poder leer sus palabras llenas de mensajes bonitos. Entonces, tras un breve intercambio de saludos y tiernos emoticonos, mientras veía la frase “Seb está escribiendo…” la pantalla del teléfono se apagó.


jueves, 26 de diciembre de 2013

Vértigo

'Aquel que quiere permanentemente "llegar más alto" tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. ¿Qué es el vértigo?
El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.'

Milan Kundera - La insoportable levedad del ser


  Y las veces que he caído me han hecho fuerte, unas veces tras haberse curado graves heridas, otras acababan en un suelo de claveles y edredones mullidos, pero siempre han supuesto un derroche de adrenalina que me confirmaba que estaba vivo.
  Ahora el problema es que cuanto más fuerte creo que soy, menos atrayente es el poder del vértigo y, en consecuencia, mi corazón pierde color y luz, mis ojos pierden expresión, y la vida se queda sin razón de ser...
  No quiero perder ese sentimiento, esa paradoja que sólo uno puede percibir en sus propias carnes, imposible de compartir.




Midnight’s calling
Are you close behind?

Trees without leaves and notes that don’t ring
Wine left to rot and a voice that can’t sing
And hours of making love in silence
And a light that just won’t shine in the darkness

Could I be any clearer?
Could I speak any plainer?- I need you here
Just to lean my way
And fall, fall, fall

Fall, fall, fall - Razorlight

lunes, 16 de diciembre de 2013

¡...y van 24!

Voy a hacer un alarde de egoísmo del más alto standing felicitándome a mí mismo.


Siento que el último año ha sido una especie de prórroga antes de llegar al final de una etapa. Y ahora veo el fuego surgir de una pequeña chispa, y sé (y quiero) que lo consuma todo. Quizá no todo, porque creo que tengo la capacidad de salvar lo que verdaderamente importa.

Me dijeron que mi elemento es el fuego, pero nunca me he sentido realmente así. Sí familiarizado con él, pero no he sabido sacar todo su potencial. Y eso es lo que me propongo para mis 24 años. Dominarlo. He aprendido muchas cosas, he empezado a pasar a la práctica y ha mejorado la confianza en mí mismo. Pero  llegar a dominar ese fuego no es mi única meta. No consigo ser la persona que anhelo ser, la llama cálida que debería mostrar, y creo que sigue sin ser del todo reconfortante para los demás. Por eso quiero ser más fuego, más puro. Abrirme de verdad.

Este año he conocido a un par de personas a las que quiero y admiro mucho. Y creo que el proceso que me ha llevado a conocerlos (pero conocerlos de verdad) por fin ha sido, en cierto modo, natural. Sin falsas ilusiones o expectativas, de una forma adulta. Y ahora sé seguro que durarán eternamente, puedo aportarles mucho, y adquirir todo lo positivo que me necesito. Pero además, creo que otras relaciones han encontrado su equilibrio, mejorando o consumiéndose por ese mágico fuego purificador que me protege de manera innata.

Y sí, estoy completamente preparado para empezar la nueva etapa que me espera. Enigmática, como a mí me gusta. Una etapa que cuyo fin es ahora inimaginable, lejos de todo. Una etapa que comenzará cuando las llamas atraviesen por fin todo el terreno.

Veo fuego a mis espaldas, pero camino tranquilo, confiando en que no me va a quemar.

I see fire, oh you know I saw a city burning (fire)
I see fire, feel the heat upon my skin (fire)
And I see fire (fire)
And I see fire burn auburn on the mountain side


lunes, 9 de diciembre de 2013

Qué gran tipo Nelson

Quería rendir un pequeño y personal homenaje a Nelson Mandela ahora que ha dejado este mundo.

Sonreír alberga una gran magia

Si soy sincero, este hombre no influyó ni tuvo relevante importancia en mi egoísta existencia, sin embargo, su partida ha provocado lo que a él seguro que le habría encantado: me ha hecho pensar, reflexionar.

Me ha hecho reflexionar esta vez sobre cómo muchas cosas que en apariencia son poco importantes, o poco interesantes, o incluso vulgares, tienen su razón de ser y hacen avanzar a nuestro mundo. Que hay cosas en las que debemos prestar más atención de la que le damos.

Me planteo la utilidad de quejarse por los males contemporáneos del mundo. Los políticos que gobiernan dicen que estamos saliendo de las crisis, otros dicen que no, que las grandes cifras quizás digan eso, pero que para los ciudadanos esto no ha hecho más que empezar. Que las vamos a pasar canutas, que España avergüenza día tras día más y más. ¿De verdad?

Nos hemos obcecado en medir todo por el bienestar económico, pero en realidad estamos viviendo la mejor etapa de la historia en cuanto a igualdad. No hablo de una igualdad institucional o una igualdad en oportunidades. Ahora para algunos ser un hipster mola pero heavy también, ser gay lleva incluso a desatar sanas envidias, la gente blanca tiene grandes amigos negros.... Me encanta pensar que puedo ser tal como soy. Que me dejen querer lo que quiera. Me encanta poder encontrarme en el tranvía a unos simpáticos argelinos que me den un trozo de pizza sin razón ninguna. Me encanta entablar amistad con un chico o una chica negra y poder aprender y compartir aventuras, gominolas y risas.... Es genial tener una jefa y que encima no nos tratemos de usted, porque eso es muy serio y soso.

Creo que mientras la sociedad siga avanzando en ese sentido, las penurias económicas serán más secundarias. Y ojalá siga avanzando por la buena senda.

Por un día, os invito a que no os indignéis con lo que leemos en Internet. Luchar por nuestros derechos es crucial, pero de vez en cuando, pienso que nos haría bien recodar que hechos que pasan desapercibidos, nos pueden arrancar una sonrisa, reconfortarnos y, entonces, sentirnos satisfechos.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Tentáculos y frío

Lapland (Finlandia)

De repente, se vuelve todo negro cuando no lo esperaba, y salen esos tentáculos de hielo estruendosamente del suelo y me atrapan produciendo un escalofrío que me debilita. Afuera se oyen flautines agudos y la gente se desvanece. Como a inocentes golondrinas, también les han atrapado por sorpresa.

La llegada del invierno es un cambio brusco, pero me gusta. Me hago más amigo de mí mismo, veo los acontecimientos pasar desde una perspectiva más cálida. Ya no es la época de los amores desenfrenados, y lo que apetece es la dulzura cálida del chocolate, un amor más íntimo, de abrazos y achuchones. Aunque el viento frío me reseca tanto las manos como el corazón, también refresca mis ideas, brotan de nuevo tallos de creatividad verde pistacho, mi favorito.

Esos tentáculos amenazadores están ahí para despertarme, no puedo permitirme hibernar ya que en el mundo en que vivo el tiempo sigue pasando, y muy rápido, por mucho que las ventiscas vayan helando almas a mi alrededor. En invierno todo parece oscuro y muy solitario, hasta que un latigazo de aquellos brazos de nieve me hace abrir los ojos. Hay amigos de todo tipo que ansían conocerme y yo los espero haciendo un hueco bajo mi manta de lana. En invierno, para mí, los enlaces entre distintos universos son más claros y quiero aprovechar para conocer cosas insólitas bajo el hielo que, paradójicamente, es más grueso y difícil de penetrar en aquella época de playa y ron.

martes, 12 de noviembre de 2013

Memoria

Hay días concretos en nuestras vidas que tienen una importancia especial y personal. Días en los que no hace falta una alarma que nos recuerde que ese día serás un poco más feliz, o más triste, o al menos, que reflexionarás de una manera inusual. Y todo es debido a los recuerdos que permanecen en nuestra memoria.

Con el 11 de noviembre, por ejemplo, me pasa algo así. Se origina en el centro de mí una energía que me hiela por dentro. Es el recuerdo de una decepción. Y no puedo evitar que eso ocurra, quizás el tiempo lo vaya curando, espero. Sin embargo, me sorprende cuánto puede influir en nuestro comportamiento un simple recuerdo. Cuando tengo un recuerdo bueno puedo evadirme a través de él y pasar a ser mecido por los brazos de Morfeo. Consigo verdaderamente profundizar y no ser consciente del tiempo y, por tanto, de la realidad. Los tenemos en la superficie y es fácil recurrir a ellos para pasar un buen rato, aunque breve.
Con los recuerdos dolorosos ocurre algo distinto: cuando el cerebro reactiva las sensaciones sufridas en el pasado, se genera una reacción, a veces en mi corazón y otras en mi estómago. En el corazón es un fuerte pinchazo, en el estómago se para la digestión y el páncreas comienza a segregar plomo. Entonces empiezas un ciclo de reflexión, a veces de tormento, que, como una mosca, va dando vueltas por nuestra cabeza hasta que decide irse. Estas reacciones físicas a esos recuerdos son el mecanismo de defensa que tenemos intrínseco, creo que estamos hechos para buscar la felicidad, y como los malos recuerdos nos alejan de ese objetivo, el cerebro manda a otras partes del cuerpo señales dolorosas que nos hagan relacionar las malas vivencias con algo negativo, que no debemos revivir. Y así es como se cierra una herida, nunca desaparecerá del todo, pero al menos la guardaremos bajo llave bien escondida. En cambio, eso sí nos aporta experiencia y sabiduría.

Un mago que me enseñó mucho en mi adolescencia tenía un cuenco en el que guardaba algunos fragmentos de su pasado. Poder vaciar la mente de los recuerdos que no nos hacen falta y verterlos en un sitio al que podamos acceder en el futuro sería maravilloso. Porque cualquier recuerdo, por malo que sea, forma parte de nosotros, nos hace evolucionar, y si tu mente no lo ha eliminado es que forma parte de ti y te define como persona, sería antinatural eliminarlo tan fácilmente como se borra una foto de una tarjeta SD.

Me fascina la memoria y su funcionamiento tan subjetivo, ¿por qué recuerdo tonterías como a mi abuela hace unos quince años dándome una onza de chocolate negro Valor en la puerta de la cocina una tarde nublada de primavera? Me decía "sólo te doy una cada día, cómetela despacito para disfrutarla más". Desde entonces, cada vez que parto una tableta de chocolate me viene a la mente esa escena, y parte de mí, aún se siente culpable si me como más de una onza. ¿Por qué recodaré eso y no otra vivencia cualquiera con mi abuela? ¿Cuáles habré olvidado? ¿Por qué?

Cuando vamos a morir estoy seguro de que tienen que brotar los mayores recuerdos de nuestra vida. Cosas bonitas, recuerdos de desamores, episodios impactantes, dañinos sentimientos de frustración o arrepentimiento.... Hay tantas cosas que nuestra cabeza guarda en sus entrañas....


Ojalá la mayor parte de los recuerdos que nazcan antes de mi muerte me hagan sonreír.

sábado, 26 de octubre de 2013

Enemigos de la Educación

Una sociedad dócil, crédula, manipulable, pobre, simple, temerosa.... Unos gobernantes que se frotan las manos debido a la ambición generada por el poder, planeando el siguiente paso a dar para conseguir que esa macedonia de adjetivos se vaya haciendo realidad; y con la sombra de los maestros en el dominio de la ignorancia muy cerca, cada vez más cerca, aquellos que visten de negro y han zozobrado rebaños por los siglos de los siglos. Tienen bien definidos a sus aliados y van extendiendo sus redes a través de los 3 poderes poco a poco, pero con disimulo, que no se enteren los de abajo.

Tienen la gran fortaleza que otorga la riqueza, es su gran baza. Dependen en gran medida del color de su sangre y no están ahí precisamente por ser superiores en sus habilidades como gobernantes, ni siquiera son muy inteligentes, como más de una vez han demostrado, en especial el presidente. Entonces se deduce su mayor amenaza: la educación de la sociedad.

Hemos llegado a un punto en que creo que cualquiera que no pertenezca a esa estirpe encuentra algo por lo que ver imprescindible protestar. Desde que el ministro Wert abrió la boca una marea verde se ha ido extendiendo como el aceite, este toro bravo despierta la antipatía de todos. La serie de medidas que ha aplicado y pretende aplicar ha hecho que rectores le den plantón, que los mejores alumnos le ignoren, que se active el estado de alerta en la universidad cada vez que pretende ir a alguna. Se ha ganado las críticas de artistas, de deportistas, de multitud de asociaciones. Los cambios en materia de educación son muchos y muy injustos con la sociedad. ¿Por dónde empezar?


Becas. Se pone la excusa de que para conseguir algo, hay que ganárselo, pero en realidad están quitando becas a quienes más lo merecen. El flujo de salida de magníficos investigadores hacia el extranjero es obvio, abochornados por el trato que les da su país. Me imagino la estupefacción de aquel que tiene en sus manos un premio otorgado por el MIT o de alguien que ha sido reconocido como el físico del año, al darse cuenta de que su propio país le da la espalda. Búsquese usted la vida. Que le financie otro la posible cura contra el cáncer, ya se la compraremos luego a la farmacéutica que la comercialice, que seguro que habrá ahí algún colega. Tú eres un don Nadie para nosotros. Págate tú eso.

Discriminación social. Básicamente que se jodan los pobres. Que vayan al colegio en las peores condiciones, así luego no tendrán ganas de seguir formándose y evitamos rivales. Es beneficioso tener chavales cuyo mayor interés sea el fútbol o ser como los chicos y chicas de Gandia Shore. O inmigrantes otros que vean como salida más factible robar o delinquir en general. Esos ni nos traerán problemas en las urnas ni darán discursos que haga plantearse dudas a la población. No conviene integrarlos pues. Así que las becas para comedor, transporte, libros, etc. mejor apartadas.
Pero no sólo los pobres. Discriminación para los que tengan más dificultades, por ejemplo psíquicas. Las nuevas reválidas en los periodos obligatorios de la educación van a ser un varapalo para gente con retrasos mentales, y por supuesto, los programas de diversificación se van al garete. No hay dinero, suele ser la excusa. Ya... Es mejor potenciar la escuela privada y concertada, donde los colegas curas darán una dosis doble de adoctrinamiento.

Volver al pasado. Hace 50 años la sociedad era más dócil, crédula, manipulable, pobre, simple, temerosa.... por culpa del multiculturalismo, la libertad de información, y los avances hechos esto se está perdiendo. Encima la mujer da guerra. Lo mejor será empezar por aconsejar a los alumnos a hacer religión y aprenderla bien, ¡o si no repites! Y de paso vamos a premiar a los colegios que separen niños de niñas. Así incluso les podemos dar una educación diferente, y Dios nos salve, que las niñas vuelvan a ser recatadas y sumisas a toda orden.

Subida de tasas. Se está convirtiendo la universidad en un privilegio, en lugar de un derecho. Se dice que la universidad está sobrecargada y que encima está endeudada. En lugar de inyectar más dinero en ellas y potenciar una educación superior pública apreciada por todos, se reduce profesorado, se reduce en todo, marchitando la calidad. El acceso a la universidad no debería ser a base de billetes, si no por vocación. Pero es que aquellos que tienen vocación pero no recursos, si llegan lejos, son peligrosos. Conviene más tener la universidad llena de pijos amuermados que obtendrán un título para enmarcarlo y colgarlo donde antes estaba el de su padre, precedido por el del abuelo.

Masificación en las aulas. Como borreguitos, que todos piensen igual. Que el profesor no tenga tiempo para todos. Total, cuanto menos aprendan, mejor.

Nacionalismo. No voy a meterme en el tema por no alargar esto más. Aquí los políticos han encontrado un arma con que desprestigiar la marea. No es el único método. La estrategia es desprestigiar a todo aquel que piense, que se queje, buscar argumentos falsos y así mezclar y difuminarlo todo. Los que se quejan son terroristas, perroflautas, separatistas, republicanos.... Se empeñan en buscar banderas, en buscar defectos, y se están dando cuenta de que cada vez han más gente, y más diversa, cuesta más desprestigiar.

Ahora cuando se frotan las manos, las tienen sudadas, porque se están poniendo nerviosos. La sociedad cada vez es menos tolerante y hay que tener cuidado, van a luchar por cumplir su objetivo: una sociedad dócil, crédula, manipulable, pobre, simple, temerosa, ¿añado más? mansa, ignorante, boba. Por eso veo tan importante defender la educación para todos. Es más importante de lo que creéis protestar, de una manera u otra, pero protestar, que se mantenga viva la conciencia de que lo que nos están quitando son derechos fundamentales. Y aunque parezca que no sirve de nada, que no se van a echar atrás, sí sirve. Yo creo que sirve, porque el movimiento es cada vez mayor, la imagen del inconformismo está cada vez más proyectada y esto se ve. No me gustan los lemas, pero:


Yo estudié en la pública.
Educación pública para todos.
Escuela pública: de tod@s, para tod@s.







lunes, 21 de octubre de 2013

Viajar

Vivimos una época plagada de cambios constantes, de movimiento incesante. El tiempo vuela y el capitalismo lo lidera todo. Y hoy toca sentirse agradecido: por las oportunidades que he sabido aprovechar, por las facilidades que se me han dado, por hacer realidad poder cerrar los ojos, pensar en una ciudad o en alguien y dirigirte allí.

Londres
Viajar es el mayor privilegio del que he disfrutado y espero poder seguir disfrutándolo. Porque sólo he visto la punta del iceberg y ahora tengo la miel en los labios. Hay tantas cosas interesantes que ocurren cuando viajas....

Es mágico amanecer en casa y tras una siesta a millares de metros de altura aparecer en un nuevo mundo que conocer: lleno de vida y fragancias desconocidas, de paisajes que creías fantasía. Se descubren nuevos colores, te maravillas con el legado de otros que nacieron a leguas de ti. El movimiento hipnotizador de un tren que empieza en los terrenos áridos de L'Alacantí puede llevarme a zonas verdes, donde llevar una bufanda se hace imprescindible a pesar de no habernos movido en el calendario.

Capilla Sixtina (Vaticano)

Viajar supone muchas cosas. Me ha permitido estar en contacto real con la historia o el arte. ¿No es increíble haber tocado un muro que cambió radicalmente la vida de los alemanes durante décadas? Es curioso haber paseado por los jardines del palacio de verano de la emperatriz Sisí. ¿O haber estado bajo la Capilla Sixtina y pensar que ahí estuvo el gran Michelangelo dando color, forma y vida a las magistrales escenas que me quedé mirando con admiración?  En esos momentos cerré lo ojos y reflexioné sobre lo inmenso que es todo. Es fascinante que de la nada, se edifique toda una urbe, que se torna un ente viviente, un ecosistema cada vez más complejo fruto del trabajo de todos sus habitantes durante años y siglos, intercalando arte con el rutinario día a día.

Monumento a los judíos (Berlín)
También nos hace descubrir cuán parecidos y diferentes somos entre todos. En esencia, todas las sociedades son iguales, pero nunca dos ciudades te transmitirán lo mismo. Comparar unas costumbres y otras me divierte y hay sitios en los que alguna vez me gustaría fundirme con su cultura y formar parte de ellos. Por desgracia, es imposible elegir el sitio donde queremos nacer pero mi mayor deseo es poder elegir el lugar donde acabar mis días. Todos deberíamos luchar por ir a parar al lugar al que realmente pertenecemos,piensa que las raíces no lo determinan todo porque somos humanos, no plantas. Por eso pienso que es una crueldad impedir a la gente pasar fronteras; el mundo está injustamente repartido y aquellos que no se conformen con la elección divina que le llevó a empezar en un sitio tienen toda mi admiración y respeto para salir de ese pseudohogar y encontrar su verdadera casa.

Metro de Roma
Eindhoven
Y hay algo más: esas llamas que quedan prendidas por doquier, y que me encantará seguir aumentando en número y evitar que se apaguen. Amistades nacidas de casualidades y que te enseñan tanto, con quienes vives innumerables experiencias y desaventuras. Soy feliz al saber que hay alguien en Valencia, en Murcia, en Málaga, en Madrid o en Barcelona... y más allá, en Italia, en Francia, en Reino Unido, Bélgica, Holanda, Croacia o Grecia. Por allí hay gente que valoro, gente que volveré a ver, gente que admiro, que quiero, a la que le debo algo, a quien abrazar, con quien hacerme divertidas fotos.... Con cada uno de vosotros tengo algo especial. Gracias a las oportunidades que ahora tenemos es todo mucho más fácil, a pesar de las permanentes injusticias y desigualdades del mundo, no debemos obviar que ahora está todo mucho más a nuestro favor.

 Mis pies ya me piden que los castigue con la gloriosa penitencia de recorrer callejuelas estrechas, lechos de un río, senderos o majestuosas avenidas abarrotadas de gente, arte y un pasado que descubrir.
Catedral de Murcia
Con Jens en Alacant












domingo, 22 de septiembre de 2013

Un mes tutorial

Definitivamente, septiembre es un mes desagradable. Hasta ahora, todos los meses de septiembre han sido de transición. Es aquel mes en que todo empieza de nuevo, hay que volver a engrasar las correas para que todos nuestros mecanismos vayan a buen ritmo. Pero es esa espera lo que hace septiembre indeseable. Toca volver a buscar una rutina, encontrar cómo llenar las tardes, aprender las reglas del juego. Es el mes de los novatos, es un mes tutorial, y, al menos a mí, leer un manual de instrucciones no me gusta, me da pereza. Prefiero pasar directamente a la acción, más que nada, porque anticipo los controles, sé y deduzco de antemano el funcionamiento.

Bien es cierto que el paso del tiempo juega un rol importante y en realidad se podría considerar septiembre el preámbulo de una nueva etapa, el descubrimiento de cosas nuevas, y eso está bien. Pero sólo cuando se hace con ilusión.

Es triste pensar en cómo la experiencia actúa como una lija, eliminando a cada pasada esa capa de ilusión inocente que nos cubría y resplandecía sobre nosotros. Y lo peor es que esta sensación se va extendiendo en la sociedad cada vez más intensamente y prematuramente. Hacemos tanto, tenemos tanto y nos obligan a aspirar a tanto que la experiencia ya no es una lija que nos desgasta paulatinamente, sino un ácido que nos abrasa. Lo noto en mis hermanos, cosas que a mí me hacían tanta ilusión a ellos ni les inmuta. Yo recibía los libros nuevos del cole y me gustaba cómo olían a nuevo, los ojeaba por dentro y me hacía ilusión tener un avance de lo que sería el nuevo curso. Se despertaban en mí hordas de creatividad ante la idea de la promesa de un regalo, anticipándome a él con mi imaginación. Ellos permanecen impávidos. Reciben lo que les llega con lo que parece un aire de resignación o como algo ya incluido en la rutina. Y lo bonito es romper ese cristal, ya que vivir en una constante rutina nos deshumaniza.

El caso es que he acabado perdiéndolo yo también. Todo lo veo desde una superioridad que no me gusta, me siento presuntuoso. Jugar a un videojuego ya no es lo mismo, no empatizo con los personajes y su historia, se pierde esa esencia y todo queda en un simple toqueteo de botones, que no me divierte ni apasiona como antes. Hay un espíritu crítico que lo enfría todo demasiado. Y a veces quiero recuperar esa lúcida inocencia, quiero encontrar a ese Peter Pan al que ya cada vez menos gente recuerda.


Ahora cierra los ojos y te dejaré una canción sobre mí. Todo empieza lento, incluso con un ritmo entrecortado. Escucha mi respiración. Refleja cómo me siento. Pero en algún momento nos cogeremos de la mano y entonces la melodía cambiará y nos animará a seguir, y llegará la noche en que empece el fin.


Begin the End - Placebo Loud Like Love

Espero de todo corazón que acabemos entendiéndonos, que sea recíproco, sin malinterpretaciones, sin errores.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Vuelta de las vacaciones

¿Conocéis la historia de Pandora?

Fue la primera mujer en el mundo y traía consigo una ánfora que Zeus le dijo explícitamente que no abriera nunca bajo ninguna circunstancia. Pandora era consciente de la orden, pero al igual que Afrodita le dio la belleza, también aprendió a apreciarla. Y esa ánfora era bonita, estaba magistralmente decorada, si era tan bella por fuera, ¿cómo sería por dentro?
Hermes dio a Pandora, entre otras cualidades, la curiosidad. Ésta cada vez era más grande, hasta que llegó el día en que lo fue más que la precaución de su conciencia. Y abrió la jarra.
De ella salieron todos los males que ahora conviven entre nosotros. Cuando Pandora se dio cuenta de lo que había hecho cerró de inmediato la tinaja, aunque ya era tarde y se escaparon todos salvo uno: el espíritu de Elpis, diosa de la esperanza, que fue más lento y no tuvo tiempo de salir.

¿Qué creéis que hizo Zeus con Pandora?

La perdonó. Sabía que finalmente la abriría. Que era inevitable.

Antes de empezar mi historia, necesito explicar qué representa Elpis realmente. Zeus tenía al espíritu de Elpis encerrado en la ánfora que contenía los males porque es quien produce en los seres humanos el temor a los males que puedan avecinarse. Da conciencia de que el mal acabará llegando, trayendo consigo un sufrimiento previo al verdadero sufrimiento.


Ahora la tengo en mi habitación, a mi lado cuando duermo, y la llevo a casi todas partes. Recuerdo el día en que la encontré. Bella, sofisticada, enigmática en algunas caras y tan agradable para los sentidos por otras. Desde entonces la intento cuidar, sin una razón concreta que me lleve a hacerlo.

Mi cabeza, a la que he aprendido a hacer caso, me recuerda siempre el mito de Pandora y entonces un temor enorme se apodera de mí con la sola idea de abrir la caja. ¿Es sensato pensar que  dentro contendrá el mal?

La caja en sí da color a mi vida, me gusta tenerla en mi escritorio, observarla. Pero llega el momento en que mi corazón me pide más, tímidamente se adentra en mi mente la curiosidad, la ambición, el deseo, y aunque a lo lejos, también asoma el rostro la esperanza. Por un lado quiero abrir la caja, pero por otro me da mucho miedo, mi conciencia me recomienda no hacerlo e incluso convence a parte del alma de que, si no a priori, a posteriori me arrepentiré. Es la eterna lucha entre razón y corazón.
Y aquí se da una paradoja: si Pandora consiguió que Elpis no escapara, ¿por qué me atormenta ahora a mí?

Sé que es inevitable acabar abriendo la caja. Pero nada demuestra que lo que haya dentro será malo. La cuestión es: ¿cuándo me atreveré a abrirla? La amnistía ya la tengo asegurada; todo es cuestión de tiempo: tanto lo bueno, como lo malo.





miércoles, 31 de julio de 2013

Perspectiva


Por muy bien que vayan las cosas siempre es posible encontrar algo de lo que quejarse. Estar agradecido honestamente y sentirte feliz, y que, en cambio, haya pequeñas pinchitas clavadas, que no se ven ni molestan, pero que al menor descuido, apoyas la palma y notas un dolor superficial que te hace mirar las manos y buscar lo que está mal. Qué bonito puede llegar a ser nuestro mundo, pero qué exigentes somos; y según como nos pille, la espina más diminuta puede empezar a penetrar hasta provocarnos una infección. Me viene a la cabeza un niño mirando las palmas de sus manos. Mirarse las rayas de las manos nos hace pensar: a algunos les inspira para buscar el avenir, otros simplemente parece que jueguen a perderse por ese laberinto de líneas aleatorias. Lo que es cierto es que es una buena manera de representar la reflexión. Mirar tus manos es como mirar en ti y seguir sus líneas un intento de entendernos.



Me parece curioso cómo según qué perspectiva tomemos nos podemos sentir confortables o incómodos con algo. A veces puedes estar convencido de qué es lo que NO quieres, y un evento importante que nos ataña directamente, hacernos mover nuestra posición y cambiar perfil por planta, dando la vuelta a todo.
Una de las claves es saber adaptarnos, aunque se suele pagar un precio, renunciando a algo a cambio de evitar una decepción mayor, o la tristeza en general. Pero ya nos desprendemos de algo, dejando un vacío temporal que empieza a contaminarnos.

Es como con las personas. Según tu estado de ánimo, o el periodo de tu vida, o por lo que estés pasando, necesitas a unas personas más que a otras. Aquel que parecía insignificante en tu vida volverse alguien capaz de ascender tu alma a la luna. Incluso gente con la que compartiste mucho en el pasado, regresar y alterar de nuevo nuestros esquemas.

Por un acontecimiento que te haga ver las cosas de manera diferente puedes pasar de buscar la libertad y el atrevido jolgorio a la necesidad de un amigo, más que un amigo, que te recuerde lo que es soñar, que te cuide para que puedas bajar la guardia y dejar descansar nuestros instintos autodefensivos.

Pienso que nos conviene sentarnos en el borde del mundo y verlo todo desde allí.

lunes, 24 de junio de 2013

Somnis de Sant Joan


Soundtrack de Fragile Dreams. Precioso y recomendado 100% escuchar.


Esta es la mágica noche de San Juan. Múltiples hogueras crecen en la arena de las playas con el fin de purificar.... ¿Qué?

Para mí San Juan evoca los sueños que viven dentro de mí. Despierta a aquellos que estaban casi olvidados. Los sueños más activos y rebeldes se avivan como las llamas que hoy crepitan a orillas del mar. En un principio me siento nostálgico, medio decaído por todo aquello que anhelo y, sin embargo, aún no alcanzo a vislumbrar ningún síntoma de progresión.

Hoy paso la noche solo, acompañado de mis apuntes y mi blog, y cierro los ojos para trasladarme allí donde mi subconsciente me quiera llevar. Ahora me acompañan notas agudas de un piano, que a veces se paran de súbito y me hacen abrir los ojos. Y veo la luna de San Juan: amarilla, redonda, llena de un poder incomprensible. Mi cuerpo flota en el mar, movido por brisas de medianoche y voy hacia un horizonte invisible hasta desvanecerme.

Creo que es magnífico tener sueños. Aunque no se cumplan. ¿Qué pasaría si todos nuestros deseos se cumplieran? ¿Alcanzaríamos la gloria, o en cambio caeríamos en una vacía infelicidad? Tener esperanzas para que algo llegue, sueños por los que luchar, aunque algunos sean platónicos creo que da sentido a nuestra vida.

Hoy es una noche en la que liberar nuestra espiritualidad, dejar de lado ciertos temores y correr hacia el fuego. Saltar y no quemarse. Pedir un deseo. Respirar el aroma marino y coger de la mano a tus amigos, a aquellas almas que correrán velos para protegerte o descubrirán paraísos que desconocías.

Una noche en la que los sueños no son tan frágiles.